Innovación y compromiso global con la salud animal.
Fundado por Enrique y Susana Fischer, el laboratorio tuvo un origen peculiar ligado a la cría de chinchillas, de donde nace nuestro nombre: Chinfield —»campo de chinchillas» en inglés—. Pronto reorientamos la producción hacia el rubro equino, construyendo una identidad reconocida en toda la Argentina y el mundo.
Tras el fallecimiento de nuestro fundador en 1999, la resiliencia familiar nos impulsó a rechazar ofertas de compra extranjeras y seguir adelante. Apostamos a consolidar la empresa y hoy, con la segunda y tercera generación al timón, ese legado continúa creciendo.
Seis décadas que
dejaron huella
en la historia
veterinaria argentina.

El laboratorio nació enfocandose en el mercado de la cría de chinchillas y, en la primavera de ese año, surgió el nombre "Chinfield"

Poco después de su fundación, el negocio de las chinchillas no prosperó como se esperaba y Enrique Fischer decidió reorientar el desarrollo del incipiente laboratorio hacia productos farmacológicos para caballos, lo cual se convertiría rápidamente en el negocio principal de la firma.

Tras el fallecimiento del fundador Enrique Fischer, Susana Fischer rechaza ofertas de compra del laboratorio (incluso de firmas internacionales) y decide continuar al frente de la empresa para garantizar su consolidación y el futuro de la familia en la industria.

La empresa logra obtener la certificación GMP (Buenas Prácticas de Manufactura). Este fue un enorme proceso de aprendizaje e inversión que impulsó su posicionamiento internacional, el cual había surgido como idea tras una misión comercial de Susana por Túnez y el Líbano.

Luego de pasar por distintas áreas y de una década en la dirección general, Enrique Fischer (hijo) asume la presidencia de Chinfield.

A 55 años de su creación, Chinfield logra exportar a 30 mercados internacionales, los cuales representan el 50% de sus ingresos, y consolida un equipo de 50 colaboradores y un portafolio de 80 productos de máxima calidad elaborados en su planta de 1.700 m2 en Munro.

El laboratorio desembolsó US$ 2 millones en inversiones tecnológicas, incorporando líneas automáticas de inyectables, estufas de despirogenado, autoclaves y sistemas de aire limpio para asegurar los estándares exigidos por el mundo.
A lo largo de seis décadas, Chinfield demostró que la calidad y el origen familiar no son obstáculos sino fortalezas. Hoy, con una planta tecnológicamente renovada y presencia en los cinco continentes, miramos el futuro con metas concretas y ambiciosas.
Convertirnos en un laboratorio veterinario de cobertura total para todas las especies.
Meta a cinco años de aumentar al doble nuestra participación en ganadería bovina.
Patentar productos en Europa y profundizar la presencia en mercados de alta exigencia regulatoria.
Garantizar la calidad de los productos es nuestro gran secreto. Recientemente invertimos en tecnología de última generación para superar las máximas exigencias globales y mantener los estándares más altos de la industria veterinaria.
Inversión en infraestructura productiva de última generación para líneas de inyectables, sistemas de aire limpio y equipamiento de esterilización.
La publicación especializada destaca cómo Chinfield logró posicionarse a escala global con el pura sangre argentino como emblema de su calidad. La trayectoria de una empresa familiar que, en lugar de venderse, eligió crecer exportando excelencia a más de 30 países en América, África, Europa y Medio Oriente.